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Historia de la heráldica de Albacete
Heráldica Geografica
Las armas de Albacete
El origen de la capital es medieval y, por lo que se sabe, en un principio tan sólo constituía un núcleo rural rodeado por un recinto amurallado y hasta el siglo XVIII su importancia era menor dado que la capitalidad comarcal la desempeñaba la vecina villa de Chinchilla.
Al ser ocupada por los árabes la situación no varió y prácticamente Albacete como núcleo urbano carecía de importancia al continuar dependiendo en lo económico de Chinchilla.
La reconquista cristiana fue el origen de la importancia de Albacete que comenzó a ser repoblada a partir de mediados del siglo XIII, fecha en que fue conquistada por el infante don Alfonso y en 1.296 pasó a poder de Jaime II de Aragón que la retuvo hasta el Tratado de Tarazona (1.304).
Perteneció al Marquesado de Villena, que se incorporó en 1.398 a la Corona v en 1.375 adquirió el rango de villa independiente. En el ano 1.146 Ahen Osmin Anhaf, rey moro de Granada, apodado el Cojo, tras haber usurpado el trono a su tío Mohamed, predicó la Guerra Santa contra los cristianos y penetró con un poderos Ejército por el valle del Guadalimar, llegando hasta Albacete que, ocupada por las huestes musulmanas tuvo que sufrir un espantoso saqueo de modo que cuando los moros continuaron su avance por la llanura hacia la provincia de Valencia lo que dejaron atrás fue una población diezmada y con numerosas casas destruidas, y unos años más tarde, Aben Osmin llevó a cabo otra "razzia" contra Albacete que de nuevo tuvo que sufrir el horror del saqueo.
Sobre sus primitivos habitantes no cabe duda de que se trató de los primitivos pueblos iberos. Las huellas de aquel remoto pasado junto a muestras del paso de las legiones romanas por la comarca albaceteña pueden encontrarse en la sección de Arqueología "Joaquín Sánchez Giménez" (nombre dado con toda justicia en recuerdo de aquel ilustre investigador) en el Museo de Albacete.
Continuando con la historia de la villa y comarca, a la muerte del rey Enrique IV Albacete se adhirió a la causa de la que más tarde sería reina Isabel la Católica lo que, como premio a su lealtad, le valió numerosos privilegios. entre ellos. y como detalle no exento de curiosidad, la autorizacion que le concedía celebrar mercado franco los jueves de cada semana.
Durante la guerra, o más propiamente levantamiento de los moriscos de las Alpujarras, Albacete ayudó a la dominación de aquella revuelta y el rey Felipe II, en agradecimiento, le concedió nuevos privilegios. Todo esto colaboró a que la población fuera aumentando no sólo en habitantes, sino en bellos edificios, así como avanzaba su principal fuente económica, en este caso, la agricultura. Lo malo para malo para la ciudad era que se encontraba asentada en una zona donde imperaba el paludismo, lo que contribuía en no escasa medida a la limitación demográfica de la villa. Una lamentable situación que tardó más de la cuenta en solucionarse, ya que no fue sino hasta principios del siglo XIX cuando, por medio de una serie de canalizaciones, quedó prácticamente resuelto el problema. Durante la guerra de la Independencia, Albacete no pudo escapar a los fectos de la invasión napoleónica y así tuvo que sufrir no una, sino dos veces, el saqueo de los soldados franceses. En el año 1.833 cuando fue elevada a la categoría de capital de provincia se inició su verdadero período de expansión. Pero las guerras se dejaron sentir nuevamente sobre Albacete que durante la primera guerra carlista fue ocupada por partidarios del pretendiente don Carlos, hecho que tornó a suceder durante la tercera guerra. De la provincia citaremos a Villarrobledo situado en la gran llanura de lejanos horizontes cuyo final parece no poder divisarse jamás. Su fundación parece que se remonta al siglo XIII y un robledal próximo le dio el nombre Robledo. Primeramente fue Señorío de don Rodrigo Manrique, el Maestre de Santiago, inmortalizado por su hijo Jorge en sus "Coplas a la muerte de mi padre". Algunos años más tarde pasó a poder de don Juan de Belmonte al que sucedieron en la posesión de la villa los Marqueses de Villena. Este título de Villa le fue concedido por los Reyes Catolicos y es a partir de tal fecha cuando su antiguo nombre de Robledo se convierte en Villarrobledo quedando integrada esta villa al patrimonio real. Hellín es una muestra de los ricos hallazgos arqueológicos que aún quedan por descubrir en la comarca albaceteña. No hay que alejarse mucho de esta población para encontrar el "Barranco de la Mortaja" con unas 300 pinturas rupestres y a unos cuantos metros de este lugar "El Tolmo", cierto promontorio con restos de un poblado que primero debió ser íbero y más tarde romano ya que se han encontrado muestras de ambas culturas. Allí fue donde se localiza una valiosa pieza: "La Cabeza del Guerrero", que se conserva en el museo de Albacete, en su sección arqueológica.
Ahora Albacete en su sección arqueológica. Ahora bien, Hellín, aparte de su pasado, es hoy una ciudad moderna, muy activa en su industria y comercio.
Almansa posee también una historia muy antigua, que se remonta a los tiempos de la Reconquista cuando los árabes la llamaban Al Hanzah.
Recuperada por los cristianos, estuvo bajo la protección de los caballeros templarios hasta la disolución de esta Orden, pasando a la de Calatrava para, más tarde, quedar incorporada a la Corona de Castilla.
En tiempos de la dinastía de los Austrias, el rey Felipe IV le concedió los títulos de Muy Noble y Muy Leal. Más tarde, al mostrarse partidaria de la causa de los Borbones, Felipe V le otorgó un nuevo título: el de Fidelísima.
Su paisaje difícilmente se comprendería sin la majestuosa edificación de su castillo, construido en el siglo XV. La importancia de esta villa, aparte de su indudable atractivo, es que en sus proximidades se libró la célebre batalla de Almansa donde las tropas que defendían la causa del primer Borbón, en este caso el que más tarde fue Felipe V, se enfrentaron a los que apoyaban al archiduque Carlos, venciendo las primeras con lo que quedó consagrada la hegemonía borbónica en España.
Alcaraz es otra villa albaceteña que personifica la grandeza de un pasado histórico. Elevándose sobre la ladera donde se asienta, se encuentra su castillo, de recinto amurallado, que evidencia que en tiempos debió ser plaza fuerte, sobre todo a partir de la reconquista por Alfonso VII.
Fue en esta villa donde en el año 1.265, se reunieron los reyes de Aragón y Castilla para llevar a efecto ciertos pactos, y es que los reyes castellanos intervinieron con sus cartas para ordenar hasta los usos y costumbres de los habitantes de esta villa.
Hasta el punto que existe una curiosa carta del rey Fernando III "El Santo", en la que ordena que no se eche a suertes en el juzgado para elegir juez, a fin de que se evite la posibilidad de que pueda salir designado un hombre vil y despreciable. Como último dato, decir que la Plaza Mayor de esta ciudad fue declarada Monumento Artístico nacional.
A Yeste hay que buscarlo en los parajes más agrestes e intrincados de la sierra. Cuenta con una historia muy interesante donde el enigma de su fundación todavía no ha puesto de acuerdo a unos y otros.
Hay quien afirma que primeramente fue poblado oretano y que se denominó Salica. Otros, la hacen romana y le dan el nombre de Oesse, y todavía quedan los que señalan que fue árabe y su nombre el de Beneche.
¿Quién fundó Yeste?. Con el nombre de Yeste aparece en la "Historia deJuan II de Castilla". Cuando en el siglo XIII hizo donación de la aldea a la Orden de Santiago, en esta donación se incluían varios castillos y también el lugar y fortaleza de Yeste. Porque en esta comarca se elevaron muchos, muchísimos castillos: La Graya, Tus, Morpeche, el Llano de la Torre, etc.
Chinchilla, poblada por los romanos sobre los restos de lo que se supone fue poblado ibérico. Pero lo que sí es bien cierto es que fue una plaza muy importante durante toda la Edad Media.
Su nombre árabe fue el de Sintiyala. Durante las escaramuzas que se desarrollaron entre huestes cristianas y maometanas en la región, parece ser que fue arrasada por las mesnadas de Ordono II.
Reconquistada, permaneció en poder del rey Alfonso X, pasando después sucesivamente al dominio del infante don Manuel y a don Alfonso. hijo del infante don Pedro de Aragón, para más tarde convertirse en Señorío de dicho infante, Marqués de Villena. Finalmente el rey Enrique la toma para sí y Juan II, en el año 1.422 le concede el título de Ciudad.
Otra población cuya antigüedad se remonta a los pueblos iberos, es Caudete más tarde romana y que pasa por la dominación árabe, la Reconquista y la posterior expulsión de los moriscos que habitaban aquellos lugares.
Esta sublevación fue encabezada por cierto personaje llamado Al Azark, y resulta muy curioso que en esta provincia albaceteña sea Caudete donde, a semejanza de las fiestas famosas del Levante español, se celebre también las de "moros y cristianos". Sería sumamente injusto no hacer constar que la dominación árabe no sólo no perjudicó a la población sino que durante su tiempo se creó una floreciente riqueza basada en la industria, la artesanía, y la agricultura.
No se puede, ni se debe, olvidar la sierra, el abrupto paisaje que rompe la monotonía de la llanura. En ella se encuentran localidades como Elche de la Sierra, cuyos restos de grandes murallas hacen pensar que debió tratarse de una plaza fuerte y hay historiadores que la identifican con la Ilice sitiada por el caudillo cartaginés Almilcar Barca.
Toda la provincia de Albacete es un puro contraste paisajístico, no se puede denominar de otra forma la gran llanura, la sierra, la ribera del Júcar y está cargada de historia.
Entre los tesoros artisticos que ofrece la provincia albacetense se encuentran las obras del llamado "Maestro de Chinchilla" que vivió en el siglo XVI y del cual se conservan obras como esta maravillosa tabla de la iglesia de Santa Maria del Salvador de Chinchilla.